viernes, 31 de octubre de 2014

El caso Buenaventura (relato para la Noche de Todos los Santos)




  Vamos, venid a por mí, aquí os espero. Dad la cara si tenéis agallas de verdad. Una vez os mandé al infierno y ahora no dudaría ni un segundo en volver a hacerlo. Sois unos malditos cobardes, escoria putrefacta que no os atrevéis a presentaros ante mí. Los ruidos y gemidos que provocáis en mi habitación ya no me alteran. Vuestros gritos en la oscuridad tampoco. De nada sirve que no me dejéis dormir por la noche con vuestras inoportunas visitas en la madrugada, ya me he acostumbrado a vuestras sombras, mi dormitorio está lleno de ellas, como la antesala de la morgue. Ya no me atemorizáis. Jamás tuve remordimientos. Mil veces os quitaría la vida, malditos espectros, mil veces os conduciría al infierno, de donde jamás debéis retornar. ¡Ah! ¿que ha llegado mi hora? Pues adelante, a ver si podéis conmigo…no creáis que os lo voy a poner fácil. Tendréis que pasar antes por encima de mi cadáver…






El caso Buenaventura
  Jaime Buenaventura, ex-policía retirado del servicio debido a sus inaceptados métodos y a su vinculación con la tortura en tiempos de la dictadura, ha sido hallado muerto en su apartamento con al menos tres puñaladas en el tórax. Pese a las apariencias, fuentes oficiosas apuntan al suicidio, pues no ha sido hallado vestigio alguno de violencia en el lugar de los hechos, ni ninguna otra huella  que no sean las de la propia víctima, a la que se le había diagnosticado recientemente un cuadro severo de esquizofrenia.






© Javier Carrasco 2014



 

domingo, 12 de octubre de 2014

Paisaje otoñal


















Llega la brisa fresca, diáfana
perfumada de aromas de madera
húmeda y tierra mojada.
Por el cielo, figuras de algodón
surcan, rápidas, el claro celeste.
Los árboles se visten de oro
y fuego pasión, engalanados,
celebrando la merecida plenitud,
colmada por los frutos del bosque.
La naturaleza entera estalla en
una alegría sosegada, melancólica,
animada por las notas musicales
del viento al atravesar las ramas
y la repentina danza quebradiza
de las hojas doradas, encendidas,
que con alborozado júbilo festivo
vuelan aquí y allá, erráticas.
Un año más ha pasado y el ciclo
se completa con lógica exactitud.
Los tonos amarillos, anaranjados,
rojos,  dominan el delirante paisaje
que atrapa al espíritu más sensible,
arrastrándolo al inevitable éxtasis.
Paisaje otoñal, de deslumbrante
belleza, siempre apelas al recuerdo
de aquella fría noche de vendaval
en que el amor tuvo a bien visitarme
mientras bebía de la cálida copa
el vino que haría palpitar mi sangre.



 ©Javier Carrasco 2014