sábado, 14 de febrero de 2015

"El impostor". La reciente novela de Javier Cercas.

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   “El impostor”, en palabras del propio autor es una “novela sin ficción” que trata sobre la biografía del mecánico, sindicalista de la CNT y ex-presidente de la Amical de Mauthausen, Enric Marco Batlle, (Barcelona, 1921), que saltó a la fama en todo el globo allá por mayo de 2005 cuando se descubrió que había mentido y falseado datos de su vida para hacerse pasar por deportado en la Alemania de Hitler y superviviente de los campos nazis, justo unos días antes de la celebración del sesenta aniversario de la liberación de dichos campos.
   Nos encontramos pues ante un libro donde Cercas también se confiesa impostor, porque gracias a su psicoanalista había descubierto que “mi vida era una farsa y yo un farsante…que iba de novelista y daba el pego y engañaba al personal, pero en realidad no era más que un impostor”. Aunque luego añade que él como novelista puede mentir sin causar el mismo daño que el que miente en la vida real y a millones de personas en todo el mundo.
  A pesar de que desde el primer capítulo cuenta que se muestra reacio a escribir este libro, aún con el beneplácito y aprobación del propio Marco, dado que se trata de un personaje que en realidad es un antihéroe y esto le puede conducir a un hecho inmoral, sin embargo confiesa que su intención no es justificarlo, sino entender qué razones llevaron a Marco a tramar tamaña impostura. Por otro lado, siguiendo con las justificaciones para escribir esta novela, postula que “el pensamiento y el arte intentan explorar lo que somos…El deber del arte (o del pensamiento) consiste en mostrarnos la complejidad de la existencia…en analizar cómo funciona el mal, para poder evitarlo, e incluso el bien, quizá para poder aprenderlo”. Y  cita dos casos similares en la literatura universal de aberraciones inmorales tratadas en novelas sin ficción que terminaron convirtiéndose  en obras maestras: “A sangre fría” donde Truman Capote eligió el asesinato de una familia de granjeros de Kansas en manos de  dos jóvenes y que acabaron siendo condenados a muerte. Capote se hizo amigo de los asesinos, los visitaba en la cárcel, les prometía que haría todo lo posible por salvarlos, pero al mismo tiempo rezaba por sus muertes porque sabía que ese era el mejor final que podía tener su libro. El otro caso es “El adversario” del francés Enmanuel  Carrére, novela sin ficción o relato real de un impostor llamado Jean-Claude Romand que asesinó a su mujer, sus dos hijos y sus padres para que no fuese descubierta su mentira.
  Así pues, dando todo lujo de detalles, el autor describe el proceso de investigación llevado a cabo, y en el que llega a implicar a varios miembros de su propia familia, como su hijo, su mujer o su hermana, para averiguar qué había  de verdad y de mentira en la vida del protagonista. Así el lector asiste a episodios de la biografía de Marco contrastados  con los acontecimientos históricos que le tocó vivir: la Guerra Civil,  la II Guerra Mundial, la España de la posguerra, y los años de la transición española a la democracia  hasta la actualidad.


Enric Marco Batlle

  Merece capítulo a parte la descripción que se hace de Marco, “el campeón o rock star de la llamada memoria histórica”. Javier Cercas es claro cuando afirma que casi no lo soporta en los encuentros y entrevistas que mantiene con él, al que considera –basándose en las opiniones de psicólogos y psiquiatras cuando estalló el caso- “un narcisista de manual”, entendiéndose como tal que “posee un sentido exagerado de la propia importancia, practica el autobombo sin pudor, a todas horas y con cualquier excusa…espera ser reconocido como un individuo superior, admirado sin resquicios…Además de tender a la arrogancia y la soberbia, cultiva fantasías de éxito y poder ilimitados…seductor imparable…manipulador nato, un líder deseoso de captar seguidores, un hombre sediento de poder y de control” –de estos he conocido a muchos, por desgracia. 
   Peculiar es también la comparación que establece el autor –ya lo había hecho con anterioridad en su artículo “Yo soy Enric Marco"- entre Marco y Don Quijote: el hidalgo Alonso Quijano que tras llevar una vida mediocre en su pueblo se reinventa como caballero andante, Don Quijote, para llevar una vida de aventuras y honor. De forma similar Marco, un mecánico de vida mediocre y tediosa en un taller decide reinventarse como un héroe civil, luchador antifranquista y contra Hitler, para lanzarse a una vida idealista de coraje y de honor.



  Javier Cercas  toca de manera casi inevitable el tema de la memoria histórica. Dice que la expresión en sí misma es equívoca y explica que la historia y la memoria son opuestas: “la memoria es individual, parcial y subjetiva, en cambio la historia es colectiva y aspira a ser total y objetiva”. Concluye diciendo que la memoria histórica se ha transformado en una industria, “en un competitivo mercado…un poderoso factor de marketing a la vez que en un instrumento de control del presente para obtener réditos políticos. ¿Qué es la industria de la memoria? Un negocio.” A este respecto, Vicenç Navarro, catedrático de Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Pompeu Fabra,  en su artículo “Javier Cercas y su manipulación de la memoria histórica” expone: “Definir ahora la búsqueda de la memoria individual y colectiva de tales personas (en condiciones dificilísimas) como una industria es un insulto en letras mayúsculas a aquellos que están haciéndolo con una enorme pobreza de medios y a un enorme coste personal…considero repugnante (y no hay otra manera de decirlo) que –Javier Cercas- vaya utilizando los medios –de comunicación-  para dificultar la labor heroica de aquellos que, con un gran coste personal, están presionando para que se conozca, se homenajee y se retribuya a los que perdieron su vida, en una causa que les honra”.



 Javier Cercas


  Debo confesar que este libro de mi novelista español preferido, entre los mejores, si no el mejor, me ha decepcionado. Tal vez sea porque noto en él la influencia de la moda tan extendida en los medios de comunicación y de la telebasura de fomentar el morbo, el linchamiento personal, el sacar los trapos sucios en lugar de hacer lo que debieran: informar honestamente y fomentar los ideales democráticos y el respeto hacia la opinión de los demás. Pero claro, eso no vende en una sociedad decadente como la que nos está tocando vivir.
  Ojalá que Javier Cercas aparque por un tiempo su faceta de historiador para entregarse por entero a su celebrada labor de novelista, porque como él mismo repite de manera casi obsesiva a lo largo de todo el libro, “la realidad mata, la ficción salva”. Seguro que su público se lo agradecerá.

©Javier Carrasco 2015