domingo, 5 de abril de 2015

Rebelión de las sombras


   Desperté sobresaltado, empapado en sudor frío y con el corazón a punto de estallar en mi pecho. Los efectos de una pesadilla que no conseguía recordar. Sin duda el momento de ponerme a prueba había llegado. No me quedaba otra, pues era parte de mi trabajo. No podía defraudar a aquellos pobres aldeanos aterrorizados que habían depositado su confianza en mí y que habían recurrido a todos sus ahorros para pagarme. Un trabajo que nadie había querido realizar, por las habladurías, por los temores, por los que me habían precedido y fracasado, presas del horror. Sin duda la hora había llegado. Las tres de la madrugada, como ya me habían indicado, la hora maldita en la que en aquella tranquila y apacible aldea se habrían las puertas del abismo y mejor hallarse a muchos kilómetros de allí.
  No cabe duda que me hice el fuerte, el escéptico, el que duda de todo, el que finalmente acaba descubriendo el engaño y a los responsables del mismo. Me preguntaron si no tenía miedo. Respondí que no me asustaban las historias irracionales, todo lo que tenga que ver con lo sobrenatural, pues son siempre producto de alguna imaginación enfermiza, de algún desaprensivo que impone su voluntad atemorizando a los demás. Conozco a los de esa calaña.
  Salté de la cama y abandoné la casa donde me hospedaba, la más segura según los aldeanos porque “estaba bendecida”. Entonces la visión se me nubló y reviví la pesadilla que me había despertado. Caminaba por el deshabitado callejón y oía gritos y lamentos que hacían erizar mi piel. No encontré megafonía oculta ni efectos especiales intimidatorios. Oía los lamentos cada vez más cerca, como si una muchedumbre invisible me rodeara. Sentí escalofríos. La temperatura había descendido bajo cero. No tardé en descubrir que allí no había trampa ni cartón. Lo que estaba viviendo era REAL. Ahora, junto a los lamentos, oía voces quejumbrosas, de timbre metálico, voces que no parecían humanas. Empecé a tener problemas para respirar. Sentí una fuerte opresión en el pecho, y el oxígeno apenas llegaba a mis pulmones. Debía dirigirme cuanto antes al coche y abandonar  el lugar si quería seguir con vida. Percibí como sus miradas se clavaban en mí desde la oscuridad. Era la rebelión de las sombras, aquellos infelices que, atrapados en el espacio-tiempo clamaban justicia, porque se les había arrebatado la vida de forma cruel e injusta en aquella infame matanza. Otra más fruto de la abominable guerra fraticida.



©Javier Carrasco

15 comentarios:

  1. Como todos tus relatos, muy bueno. Un abrazo.

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    1. Muchas gracias, mi querido amigo y tocayo del norte. Un placer tenerte aquí y contar con la valiosa opinión de un escritor y poeta de tu talla.

      Un fuerte abrazo

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  2. Yo le tengo pavor a la "oscuridad" en su amplio espectro...Te ha faltado poner continuará...

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    1. Es comprensible, Cristina, pues desde pequeños tenemos miedo a la oscuridad, es un miedo innato, aunque con el paso del tiempo caemos en la cuenta de que situaciones no tan oscuras pueden producir el mismo o incluso mayor pavor. En realidad son dos caras de una misma realidad.
      Pues sí, me están pidiendo que continúe con el relato, aunque mi intención era dejar la historia en suspense para que cada lector sacase sus propias conclusiones e imagine el final que más le guste. En general, los finales suelen decepcionar porque acaba con la intriga, que es lo más sustancioso y apetecible del relato.

      Besos.

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    1. Muchas gracias, Mark. Un placer tenerte por aquí

      Un abrazo

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  4. Describes el sentimiento del miedo, sus manifestaciones fisicas, en este relato que dejas abierto a la imaginación del lector, a sus propios miedos para que se enfrente cada uno a sus sombras...
    El miedo es uno de los mecanismos mas antiguos y poderosos para lograr la supervivencia , amen de proporcionar estimulos intelectuales cuando se acerca a nosotros a traves de la literatura o el cine.
    En fin , no me enrrollo mas, buen relato y nos vemos al otrooo laadooooo.

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    1. Querida Puri, muy interesante esa observación que haces del miedo como mecanismo para facilitar la supervivencia. En efecto, el miedo es como una vacuna que prepara a nuestro organismo para afrontar situaciones difíciles, generalmente desconocidas o nunca antes vividas y hostiles. Es una mecanismo natural para combatir el colapso. Por otro lado, ¿a quién no le gusta un relato, una buena película de terror, de misterio? Nuestra innata curiosidad a veces nos lo pide porque en efecto es tan estimulante como un buen café. El relato gótico, el misterio, la novela negra, son los géneros que más me atraen y con los que más disfruto leyendo y escribiendo, aunque a decir verdad luego son la realidad y las circunstancias los que te llevan a elegir un género u otro, cuando no la mezcla inteligente de varios.

      Por supuesto -y tú lo sabes-, no es la primera vez que atravieso el umbral... Besooooos!

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  5. Me recuerdas mis tiempos de crio en el pueblo y esa especie de competición espontanea por contar historias de terror al amor de la lumbre. Aquello si era miedo y no el de los diseñadores de sustos del cine. Precisamente aqui lo veo como entonces, sin anestesia y sin final. Efectivamente si terminas una historia de miedo...se termina el miedo. Mejor así.

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    1. Cierto, Carlos. Cuando éramos niños la luz se iba cada dos por tres, así que contar historias de miedo se prestaba mucho en aquellos momentos de oscuridad obligada, a la luz de la lumbre o de una vela. Llevas mucha razón. Pocas películas o novelas actuales de terror son buenas. Las mejores, las que consigen asustar sin que aparezca sangre, monstruos ni efectos especiales. Me estoy acordando por ejemplo de "Otra vuelta de tuerca" de Henry James, donde ni siquiera aparece la palabra "fantasma" en todo el relato y sin embargo al leerlo el "yuyu" te llega por vía intravenosa.

      Un abrazo

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  6. Hace mucho que no entraba por vuestro blog, llevo un tiempo muy liada. En relato es terrorífico, confieso que me ha encantado. Saludos

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    1. No te preocupes, Mª Ángeles, te comprendemos porque a nosotros nos pasa igual, ¡apenas queda tiempo libre para darse una vuelta por los blogs amigos! Me alegra que te guste, ya sabes, uno de mis géneros preferidos, gestado en una de nuestras escapadas al campo.
      Besos

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  7. ¡Qué miedo!, xd. Pero como cuando era niña, estos relatos me encantan, aunque luego no pueda dormir. jaja. Muy bueno, Javier. Volveré a leer más d e lo atrasado.
    Besos.

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    1. Gracias, María. Hay ciertas cosas que mantenemos de la inocente niñez, y la curiosidad por lo desconocido, lo misterioso, es una de ellas. Somos "monitos" curiosos, amantes de la intriga y de la emoción. Vuelve siempre que quieras, estás en tu casa. Besos

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