Mostrando entradas con la etiqueta microrrelato. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta microrrelato. Mostrar todas las entradas

lunes, 30 de octubre de 2017

La Nada. (Microrrelato para la Noche de Todos los Santos)

 
  He despertado de un sueño hermoso que he olvidado al instante. Razones hay de sobra. La esencia del terror se ha apoderado de mi. He abierto los ojos aún con la sonrisa en los labios y una paz infinita en mi interior para descubrir que me rodea una oscuridad absoluta, impenetrable, insondable, la misma que encontramos cuando cerramos los ojos por la noche cuando vamos a dormir. Resulta difícil saber si mis párpados están abiertos en realidad, pues la negritud es total, la misma que podemos apreciar cuando apagamos la linterna en una sima a cientos de metros de profundidad bajo tierra. Mi cuerpo está agarrotado, no puedo mover ni un solo músculo, ni un solo dedo. No puedo emplear ninguno de los sentidos. No tardan en llegar la ansiedad, la claustrofobia, las dificultades respiratorias, la incapacidad de gritar… ¿dónde estoy? ¿cuánto tiempo voy a estar así? ¿se trata de una terrible pesadilla? No, no lo creo, estoy plenamente consciente, totalmente despierto. No es un mal sueño. Ha de tratarse de algo muy diferente…pero ¿de qué?...

©Javier Carrasco 2017

jueves, 27 de octubre de 2016

La amante










   Las tinieblas de la noche me envuelven y te aguardo en mi alcoba, tumbado en la cama…se acerca la hora.  Siento una mezcla de turbación y desasosiego, por tan inusual experiencia. El vello se me eriza, el corazón late con mucha fuerza, como si fuera a salir por la boca, Aún no te veo, pero presiento que avanzas sigilosa por el oscuro pasillo. Se oye un crujido en la puerta. Permanece cerrada, pero una sombra acaba de emerger delante de ella. Eres tú, no hay lugar a dudas. Ahora te acercas lentamente, como si flotaras en el aire, como una mancha de vapor oscuro. Mi corazón se desboca y oprime con fuerza el pecho. Casi no puedo respirar. Te has detenido al borde de mi lecho. Puedo ver tu hermoso rostro con toda nitidez. Un enorme escalofrío me recorre el espinazo y quedo completamente inmóvil, inerte, ni siquiera puedo parpadear. La hora ha llegado. Como fiel amante has venido a buscarme, según lo convenido. Toma pues mi mano con firmeza y guíame en el largo viaje hacia la eternidad.

© Javier Carrasco 2016.