Cuna de civilizaciones milenarias,
patria del Paraíso perdido,
mucho hay de verdad, pues tu belleza,
tu armonía de colores y sonidos
perduran al paso de los siglos,
claro indicio de que manos divinas
en los albores del tiempo se posaron
en ti,
llenándote de magia y sabiduría.
Tierra amada por los dioses,
disputada por hombres y
tribus,
¿ de dónde emerge tu singular
atractivo?
¿acaso de tus vergeles, de tus
palacios y templos,
de tu música sensual, embriagadora?
Me cautivan tus tibias y claras noches,
que al dejar atrás al calor
implacable
hacen brotar de exuberante vida
mercados, plazas y calles en tus
ciudades,
huella del paso de pueblos ancestrales.
Embrujado por el lascivo contoneo de
la bailarina
me abandono al festín de los sentidos
en una noche perfumada de azahar y
canela
entregado al placer, la inspiración y
el olvido.
©Javier Carrasco
