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domingo, 30 de julio de 2023

España frena en seco al fascismo

 


J. Carrasco.

El pasado 23 de julio de 2023, a una semana de la fecha de publicación de este artículo, tuvo lugar en España un hecho sin precedentes en todo el territorio de la Comunidad Europea: por medio de las urnas España dijo no al avance de la extrema derecha. En unos comicios con unos resultados muy ajustados, donde el Partido Popular obtuvo el mayor número de votos, declarándose como ganador pero sin mayoría absoluta, ni posibilidad de alcanzarla mediante pacto con la ultraderecha, por lo que se trata de una victoria amarga.

Tras el descalabro del bloque de la izquierda en las elecciones municipales y autonómicas del pasado 28 de mayo, el presidente del gobierno, Pedro Sánchez (PSOE) en una sorprendente y a primera vista arriesgada maniobra anunció la disolución de las Cortes y el adelanto de las Elecciones Generales que en un principio iban a celebrarse en noviembre de este año. Al mismo tiempo, comenzaron a establecerse pactos entre el partido conservador PP (parte de su electorado todavía adicto al franquismo) y el partido de extrema derecha fascista Vox, para hacerse con ayuntamientos y comunidades autonómicas. Como consecuencia de esos pactos, no tardaron en saltar a los medios libres (no pertenecientes al bloque de la derecha) bochornosos casos de atropello a los derechos LGTBI, a la libertad de expresión cultural, llegándose a prohibir obras literarias de autores clásicos y representaciones teatrales así como el fomento del odio y del miedo frente a grupos minoritarios. No obstante, ya el bloque de la derecha y la ultraderecha se había caracterizado por ejercer durante toda la legislatura del gobierno de coalición de la izquierda, al que calificaban de “gobierno Frakenstein”, siempre ágil en el manejo del insulto y la descalificación, una oposición destructiva, basada en la insolidaridad y el juego sucio, incluso durante los momentos difíciles de la pandemia, adoptando un papel que rayaba en el infantilismo, el negacionismo y la más absoluta imprudencia e insolidaridad, al más puro estilo “trumpista”. La mayoría de los medios propiedad y afines al bloque de la derecha llegaron incluso a blanquear posturas claramente fascistas y nazis de algunos dirigentes sin tapujo alguno.

Con estos antecedentes y ante la perspectiva del avance de la ultraderecha con la amenaza de abolir derechos democráticos alcanzados y ya consolidados, así como la evidencia de un retroceso inminente a épocas oscuras ya superadas, la población progresista se movilizó, viendo claramente que en una democracia como la nuestra la manera de frenar esta amenaza era acudir masivamente a votar a aquellos partidos progresistas que apuestan por avanzar hacia el futuro en un marco de igualdad y de entendimiento democráticos.


 

Con unos resultados electorales de claro empate entre la derecha y la izquierda se abre ahora un periodo complejo en el que ambos candidatos intentarán buscar pactos políticos que los conduzcan a la presidencia del gobierno. Ojala´ que el bloque progresista encabezado por Pedro Sánchez y la vicepresidenta en funciones,Yolanda Díaz (SUMAR) consigan los apoyos suficientes para reeditar el gobierno de coalición que, aunque la derecha obstinadamente lo niegue, ha conseguido sacar al país de la pandemia de manera honrosa, obteniendo auténticos logros con la aprobación de leyes beneficiosas para el conjunto de la sociedad, como ha sido la de la reforma laboral o la ley del solo sí es sí contra el maltrato machista.

 


 

En caso de que ninguna de las negociaciones de los candidatos prosperen habrá que repetir las elecciones el próximo mes de diciembre, coincidiendo con las navidades, que se presentarían bastante atípicas. Personalmente, no me importaría ir a votar zambomba en mano, o formar parte de una mesa electoral comiendo turrón.


 

domingo, 4 de junio de 2023

Tormenta de mierda

 

 
 

Una tormenta de mierda arrasa

el país de norte a sur, envenenando

el aire y el ánimo con brisa pestilente.

Oscuros salvapatrias de tres al cuarto

emergen como hongos fétidos

enarbolando sus banderas de odio

hacia el que piensa diferente, tachándolo de traidor

desmembrador del suelo patrio,

o al que viene en busca de esperanza

huyendo de la pobreza y el hambre.

Odio hacia niños indefensos en

necesidad de educación y del cariño

que echan en falta en su tierra devastada

para luego darse golpes de pecho en los templos.

Sobre odio, mentiras y bulos construyen

el pilar sobre el que quieren ostentar

el poder de la corrupción y la manipulación,

en detrimento de la razón y los valores

democráticos, enemigos acérrimos de las libertades.

Líderes de pacotilla, casi analfabetos,

alardean de una libertad inventada, hueca e insolidaria

consistente en tomar cañas y bocadillos

de calamares en las terrazas de los bares,

mientras miles de ancianos mueren

a causa de la pandemia, privados de atención médica.

Masas de borregos ciegos se dejan arrastrar

por cantos de sirenas que les conducen

de manera inexorable hacia los arrecifes,

dinosaurios que vitorean y aplauden

al meteoro que en breve los eliminará,

indiferente, de la faz de la tierra.

La cuestión es ¿deseamos que la

tormenta de mierda sea pasajera, o por contra

se instale definitivamente en nuestras latitudes,

en oposición al anticiclón de las Azores?

En nuestras manos está, no esperemos

a que ningún otro venga a redimirnos.


© Javier Carrasco 2023


 

martes, 16 de abril de 2019

Perdiendo la cabeza...y el civismo.



 
  Los profesores y educadores estamos continuamente recordando a los estudiantes en su formación que el respeto es una norma fundamental para vivir en una sociedad libre y  democrática. Ahora bien, en los últimos tiempos observo que a muchos adultos habría que enviarlos de nuevo a la escuela para que recuerden lo que parece evidente que se les ha olvidado, tan envueltos como están en esa vorágine de capitalismo voraz de sálvese quien pueda y que a mi me las den todas.
   Quien piense así, mejor que se vaya a vivir a la jungla (como el mítico Tarzán) y disfrute allí como un auténtico salvaje,  pues debería saber que los humanos se caracterizan por estar adaptados para vivir en sociedad y que precisamente han conseguido la supremacía sobre las demás especies por el uso de la razón y del civismo, amén de otras cualidades muy loables y propias del ser humano. Muchas veces apreciamos cómo los animales, carentes del uso de la razón, por instinto se muestran mucho más cívicos y respetuosos que algunos de estos “mastuerzos”  selváticos.
  Resulta alarmante que cada vez se vea a más gente grosera, mal educada e irrespetuosa con los demás,  que van avasallando por la vida, creyéndose los reyes del mambo. Al parecer está muy de moda ser cuanto más “capullo” e insolidario mejor, moda que viene impuesta por  una máxima muy arraigada dentro del neoliberalismo conservador imperante. Pues bien, a este tipo de personajes hay que recordarles que los que sobran son ellos, que ellos son los energúmenos que o cambian su actitud o se van a ver de patitas en la selva, que es donde realmente deberían estar,  su hábitat natural.

© Javier Carrasco

martes, 14 de julio de 2015

LA UNIÓN DE LA IZQUIERDA


  Desde 2008, momento en que se inició la llamada “crísis” financiera, los trabajadores y los ciudadanos en general han visto como sus derechos sociales y universales han venido siendo pisoteados de manera imparable sin que los gobernantes de los estados hayan puesto remedio alguno. Son tiempos difíciles en que cualquier ciudadano que se precie de ser de izquierdas de verdad –no sólo de palabra o de imagen -  sabe que la izquierda debe estar más unida que nunca para hacer frente a un enemigo poderoso: el neoliberalismo, eufemismo actual que viene a definir al capitalismo financiero especulador y sin escrúpulos, que mata, esclaviza, diezma y pulveriza a estados y democracias –Grecia, el caso más cercano y doloroso- sin el más mínimo reparo, con tal de seguir aumentado sus capitales y beneficios. “La peste del siglo XXI” como a mi me gusta denominarlo.


 Por ello, y ante esta clara y peligrosa evidencia, los partidos políticos de izquierdas de  la España actual  –izquierda de verdad, no sólo de palabra o imagen- deben olvidarse de siglas,  de protagonismos individuales,  de estúpidas luchas hegemónicas, de “chupar cámara” y por el contrario deben esforzarse por formar un frente común, una plataforma política armada de sustanciosa ideología que pare los pies a  ese poderoso enemigo común, dispuesto a fagocitarnos y a convertirnos en sus miserables esclavos. Esa debe ser la prioridad más inteligente, y no perder el tiempo con actitudes que conduzcan a la escisión. Es necesario tener muy presente una verdad como un templo que todo aquel de ideología de izquierda conoce: la unión hace la fuerza.


 Lo de la ideología es muy importante, porque no estamos ante un problemilla o chiquillada sin importancia, y la ideología que hasta la fecha se ha preocupado por el bienestar de todas las clases sociales, en especial de las menos favorecidas, ha sido la marxista, independientemente de los fracasos que haya tenido su aplicación en distintos países y a lo largo de los dos últimos siglos de  la Historia. Un marxismo adaptado a nuestros tiempos, por supuesto, teniendo en cuenta la economía financiera global, los nuevos medios de producción y el poder omnipotente con que cuenta el capitalismo neoliberal y su brazo ejecutor: la troika o Fondo Monetario Internacional. Un marxismo que siga promoviendo la lucha de clases y la limpieza y reconstrucción de los maltrechos sindicatos, obra del torpedeo a que han sido sometidos por parte de ese poder neoliberal,  que los ha comprado y prostituido. Y un marxismo que abrace una economía al servicio de  la sociedad, del estado y no al revés, justo lo que está ocurriendo ahora. La economía financiera global sólo beneficia a unos pocos supercapitalistas especuladores y verdaderos terroristas –como les llama el ex ministro de economía griego Varoufakis- en detrimento y perjuicio de una inmensa mayoría.


 Todo esto es muy necesario, vital diría yo, si queremos que los derechos de los trabajadores, de los parias de la sociedad, incluso los propios Derechos Humanos, también pisoteados, no sean ultrajados ni exterminados, que en definitiva, es ahí a donde nos pretenden conducir.