jueves, 5 de noviembre de 2026

El misterio y el terror como géneros literarios

El aquelarre, Francisco de Goya (1820-1823)

   

¿Por qué nos sentimos tan atraídos por lo misterioso y lo desconocido? ¿se trata acaso de un impulso por satisfacer nuestra insaciable curiosidad? No cabe duda que somos una especie animal que al igual que nuestros parientes los primates nos pasamos la vida indagando, escudriñando, hasta dar con la solución del misterio. Tal vez tenga mucho que ver con nuestra propia evolución.


 

  Por muy racionalistas que nos sintamos pocos hay que se resistan a pegar el oído a las viejas y extrañas historias que se cuentan en torno a una fogata o junto a la chimenea. ¿Y quién no recuerda con dulce nostalgia aquellos cuentos relatados en la niñez por nuestros parientes mayores, donde a veces lo sórdido y lo macabro brotaba convenientemente edulcurado?

 


 

   Es cierto que el misterio, el miedo, aportan ingredientes muy efectivos para que cualquier historia narrada atrape de manera infalible al seducido lector desde el minuto cero y hasta las últimas líneas de la misma. De hecho, historias, argumentos que nada tienen que ver con estos géneros y subgéneros se nutren de algunos de sus trucos y artificios para generar acción, intriga, que sirvan de motores dinamizadores dentro de la narración.

 



  Historias y cuentos de fantasmas o de otros hechos sobrenaturales se han contado y escrito desde los albores de la humanidad, quizás como otra respuesta más a esa capacidad o virtud trascendental, espiritual, del ser humano de concebir la existencia de una vida más allá de la muerte y que ha venido manifestándose desde la prehistoria. Pero es a partir del periodo comprendido entre finales del siglo XVIII y el siglo XIX cuando estos géneros van a tener su época de esplendor, con el fin del Neoclasicismo y la llegada del Romanticismo.

 

Frankenstein (1931)

Fue a finales del XVIII, con la figura del escritor británico Horace Walpole, cuando aparece la primera novela gótica, El castillo de Otranto, donde ya se localizan las características habituales de las obras románticas: lugares exóticos y lejanos en el espacio y el tiempo, el gusto por lo medieval y la arquitectura gótica (castillos, iglesias), el amor decadente, el ocultismo y lo sobrenatural. Sería en el siglo XIX cuando surgen los grandes autores que llevarán el género del terror y del misterio a sus cotas más altas, con obras ya mundialmente reconocidas difíciles de olvidar: Mary Shelley (Frankenstein, 1818) Bram Stoker (Drácula, 1897) Jane Brönte (Cumbres borrascosas, 1847) Edgar Allan Poe, norteamericano (La caída de la casa Usher, 1839) Arthur Conan Doyle (El perro de los Baskerville, 1901 ), Theophile Gautier (La novela de la momia, 1858)…

 


 Nosferatu (1922)

 

 

  Con la invención del cinematógrafo los géneros del misterio y el terror abrirían una nueva dimensión visual en los siglos XIX y XX que ha convertido en verdaderos iconos del cine a todos aquellos monstruos y criaturas que un día surgieron de las mentes creativas de sus autores, saltando con enorme éxito a las grandes pantallas: Frankenstein, Drácula, Nosferatu, la Momia… y que lejos de desaparecer se van regenerando, amoldándose a los gustos de los nuevos tiempos.

 

La momia (1932)

 

   He de confesar que siento gran predilección por estos géneros y por eso he querido dedicarles este pequeño homenaje. A veces los mezclo con otros que a priori podrían parecer antagónicos, como es el policiaco o incluso la comedia, combinaciones que a decir verdad siempre me han dado buenos resultados.

 

 

© Javier Carrasco 2026