Sin duda, Venecia es una ciudad única, en el amplio sentido de la palabra, porque no hay otra que se le asemeje, por mucho que quieran compararse con ella.
Para empezar, Venecia no se construyó sobre una isla de la Laguna que lleva su nombre, sino que descansa sobre un archipiélago de 118 pequeñas islas unidas entre sí por cientos de puentes, todos ellos encantadores, y que podemos atravesar pasando de una isla a otra, de una a otra “calle” como en veneciano, lengua romance distinta al italiano, también se le llama.
Otro aspecto que llama mucho la atención es la manera en que levantaron las casas, palacios, iglesias o campanarios, sobre un suelo fangoso, con una cimentación a base de miles de pilotes de madera que al estar sumergidos se endurecen como la piedra al absorber minerales del agua. Sobre ellos se colocaban plataformas de madera para repartir el peso de la edificación y sobre estas, muros con bloques de piedra blanca de Istria. Los muros se construían con ladrillos, más flexibles que la piedra, y un máximo de tres pisos.
Creo que la mejor época para visitar Venecia es durante el otoño, pues en la ciudad dominan los tonos ocres y rojos, y la luz otoñal es más atenuada, acrecentado esa atmósfera sosegada y melancólica que se respira por sus canales o “ríos” a bordo de una góndola, y por sus “campos” que es como denominan los venecianos a las pequeñas plazas que surgen cuando menos lo esperas.
Marco Polo, Antonio Vivaldi, Giacomo Casanova
Venecia rebosa de legendaria historia y belleza por donde se navegue o se la pise. Su pasado comercial, anterior incluso a los tiempos de su más afamado aventurero, Marco Polo, la convirtió en una ciudad libre, rica y poderosa, capaz de levantar un imperio que se extendía a orillas de todo el Mediterráneo. No es extraño pues que abunden verdaderos palacios pertenecientes a familias de mercaderes que se hicieron con enormes fortunas, así como emblemáticos edificios religiosos de una riqueza artística y arquitectónica sin igual.
Ante la continua visita de hordas de turistas que no para en todo el año podría parecer que ya no habitan venecianos en el centro histórico insular de la ciudad, pero por suerte, no es cierto. Aún existe un grupo de unos 50.000 valientes y orgullosos venecianos que con paciencia infinita se resisten a abandonar la que consideran la ciudad más bella del mundo y que un día les vio nacer.








