jueves, 16 de abril de 2015

La buena educación






 En mi labor docente he comprobado, al igual que la mayoría de los profesores, que en los últimos años la estadística de comportamiento disruptivo en las aulas de colegios e institutos se ha disparado. Rara es la clase en la que no haya alumnado irrespetuoso con los compañeros, los profesores y demás personal del entorno escolar, que no parece mostrar el más mínimo interés por aprender y que poco o nada le preocupa su formación o su futuro. Un verdadero problema para todos, pues suele trascender el ámbito escolar.

  La pregunta que surge entonces es: ¿en dónde fallamos? Creo que culpar de ello sólo al sistema educativo y sus interminables  reformas sería quedarse corto. De todas formas resulta muy triste que en España siendo el tema de la educación tan importante, sea únicamente tratado de forma demagógica por la política. No existe el consenso que sí vemos en otros países del entorno europeo. Estamos hablando de un problema de educación, pero de aquella parte de la educación del individuo que corresponde al seno familiar, porque la educación de las personas ha de entenderse desde una doble perspectiva: por un lado la que corresponde ejercer a la familia como un deber inexcusable y desde la más tierna infancia, vinculada ésta al comportamiento, la disciplina, las buenas maneras, el saber estar, el respeto hacia los demás etc. Y por otro, la que se adquiere a través de la enseñanza en colegios e institutos, que es una continuación de la que se debe llevar a cabo en casa, en el ámbito familiar, pero sobre todo la orientada hacia la amplitud de conocimientos y del desarrollo mental, de tal forma  que al acabar el periodo de formación, las personas se hallen preparadas para tomar parte activa en una sociedad supuestamente democrática.



  Sin duda, el problema de la falta de respeto hacia los demás tiene su origen en la familia, que por regla general ha descuidado este aspecto importante de la educación. Al niño –o la niña- desde pequeñitos hay que enseñarles a distinguir entre lo que puede hacer y lo que no debe hacer. Aquí fallamos bastante los españoles, porque somos demasiados permisivos, y eso es un grave error. Si somos demasiados permisivos con nuestros hijos, estos acaban ejerciendo de tiranos sobre nosotros –como vemos de vez en cuando por ahí, niños y adolescentes comportándose como tales. Este problema surge cuando no se ha corregido al niño a tiempo, haciéndole razonar  que eso no está bien porque está molestando a los demás, con los que debe mostrarse siempre respetuoso, porque, entre otras cosas, eso  le puede ocasionar situaciones desagradables para él o ella. Claro, es una tarea ardua, a veces ingrata, por ello algunos padres prefieren mirar hacia otro lado, por comodidad, por indiferencia,   para que no les molesten en sus “ocupadas” vidas y esperan erróneamente que sean los profesores los que se encarguen de la educación que ellos deberían aportar. Al final es como la bola de nieve que va rodando y cada vez se va haciendo más grande, hasta que nos aplasta. A cuántos padres y madres he escuchado lamentarse “ es que mi hijo/hija se me escapa de las manos, ya no sé que hacer”. Está claro, no solucionaron el problema en su momento. Todo esto se acrecienta aún más en casos de familias desestructuradas, donde a veces los niños son víctimas de la ruptura y quedan abandonados a su propia suerte, cuando no usados como arma arrojadiza por  una y otra parte. Una verdadera tragedia para los hijos.


  Mención aparte merecen aquellos casos de niños y adolescentes que provienen de familias con escasos recursos, con problemas graves de toda índole. Lo normal es que se tomen la estancia en  el colegio o el instituto como el refugio donde olvidarse de todo lo que en casa les aflige. En estos casos, los profesores deben saber que se trata de situaciones especiales en las que también se requieren estrategias diferentes. Por regla general son chicos y chicas que necesitan afecto, porque han recibido poco o ninguno. Hay que llegar a ellos por el corazón, nunca por la represión. Una vez que reciben ese afecto estarán más dispuestos a participar, a respetar las normas y a integrarse de manera positiva en el proceso de aprendizaje, y además, a su manera, nos lo agradecerán para siempre.


   Afortunadamente, los centros educativos públicos  cuentan hoy con medios personales y materiales -mientras no apliquen recortes en Educación- capaces de afrontar con éxito esta problemática, aunque estos medios de poco sirven sin la colaboración de las familias, que es fundamental. Con el trabajo de los profesionales de la enseñanza y la participación de las familias estaremos más cerca de encontrar soluciones, y aunque el trabajo sea arduo y a veces desesperanzador, tanto para padres y madres como para profesores, lo mejor es plantearlo como un reto, una prueba de oro, un saber y una experiencia de incalculable valor  que no suele aparecer en los manuales de psicopedagogía. Porque ¿quién ha oído alguna vez decir que educar sea tarea fácil?

©Javier Carrasco

sábado, 14 de febrero de 2015

"El impostor" de Javier Cercas.

. 
 

   “El impostor”, en palabras del propio autor es una “novela sin ficción” que trata sobre la biografía del mecánico, sindicalista de la CNT y ex-presidente de la Amical de Mauthausen, Enric Marco Batlle, (Barcelona, 1921), que saltó a la fama en todo el globo allá por mayo de 2005 cuando se descubrió que había mentido y falseado datos de su vida para hacerse pasar por deportado en la Alemania de Hitler y superviviente de los campos nazis, justo unos días antes de la celebración del sesenta aniversario de la liberación de dichos campos.
   Nos encontramos pues ante un libro donde Cercas también se confiesa impostor, porque gracias a su psicoanalista había descubierto que “mi vida era una farsa y yo un farsante…que iba de novelista y daba el pego y engañaba al personal, pero en realidad no era más que un impostor”. Aunque luego añade que él como novelista puede mentir sin causar el mismo daño que el que miente en la vida real y a millones de personas en todo el mundo.
  A pesar de que desde el primer capítulo cuenta que se muestra reacio a escribir este libro, aún con el beneplácito y aprobación del propio Marco, dado que se trata de un personaje que en realidad es un antihéroe y esto le puede conducir a un hecho inmoral, sin embargo confiesa que su intención no es justificarlo, sino entender qué razones llevaron a Marco a tramar tamaña impostura. Por otro lado, siguiendo con las justificaciones para escribir esta novela, postula que “el pensamiento y el arte intentan explorar lo que somos…El deber del arte (o del pensamiento) consiste en mostrarnos la complejidad de la existencia…en analizar cómo funciona el mal, para poder evitarlo, e incluso el bien, quizá para poder aprenderlo”. Y  cita dos casos similares en la literatura universal de aberraciones inmorales tratadas en novelas sin ficción que terminaron convirtiéndose  en obras maestras: “A sangre fría” donde Truman Capote eligió el asesinato de una familia de granjeros de Kansas en manos de  dos jóvenes y que acabaron siendo condenados a muerte. Capote se hizo amigo de los asesinos, los visitaba en la cárcel, les prometía que haría todo lo posible por salvarlos, pero al mismo tiempo rezaba por sus muertes porque sabía que ese era el mejor final que podía tener su libro. El otro caso es “El adversario” del francés Enmanuel  Carrére, novela sin ficción o relato real de un impostor llamado Jean-Claude Romand que asesinó a su mujer, sus dos hijos y sus padres para que no fuese descubierta su mentira.
  Así pues, dando todo lujo de detalles, el autor describe el proceso de investigación llevado a cabo, y en el que llega a implicar a varios miembros de su propia familia, como su hijo, su mujer o su hermana, para averiguar qué había  de verdad y de mentira en la vida del protagonista. Así el lector asiste a episodios de la biografía de Marco contrastados  con los acontecimientos históricos que le tocó vivir: la Guerra Civil,  la II Guerra Mundial, la España de la posguerra, y los años de la transición española a la democracia  hasta la actualidad.


Enric Marco Batlle

  Merece capítulo a parte la descripción que se hace de Marco, “el campeón o rock star de la llamada memoria histórica”. Javier Cercas es claro cuando afirma que casi no lo soporta en los encuentros y entrevistas que mantiene con él, al que considera –basándose en las opiniones de psicólogos y psiquiatras cuando estalló el caso- “un narcisista de manual”, entendiéndose como tal que “posee un sentido exagerado de la propia importancia, practica el autobombo sin pudor, a todas horas y con cualquier excusa…espera ser reconocido como un individuo superior, admirado sin resquicios…Además de tender a la arrogancia y la soberbia, cultiva fantasías de éxito y poder ilimitados…seductor imparable…manipulador nato, un líder deseoso de captar seguidores, un hombre sediento de poder y de control” –de estos he conocido a muchos, por desgracia. 
   Peculiar es también la comparación que establece el autor –ya lo había hecho con anterioridad en su artículo “Yo soy Enric Marco"- entre Marco y Don Quijote: el hidalgo Alonso Quijano que tras llevar una vida mediocre en su pueblo se reinventa como caballero andante, Don Quijote, para llevar una vida de aventuras y honor. De forma similar Marco, un mecánico de vida mediocre y tediosa en un taller decide reinventarse como un héroe civil, luchador antifranquista y contra Hitler, para lanzarse a una vida idealista de coraje y de honor.



  Javier Cercas  toca de manera casi inevitable el tema de la memoria histórica. Dice que la expresión en sí misma es equívoca y explica que la historia y la memoria son opuestas: “la memoria es individual, parcial y subjetiva, en cambio la historia es colectiva y aspira a ser total y objetiva”. Concluye diciendo que la memoria histórica se ha transformado en una industria, “en un competitivo mercado…un poderoso factor de marketing a la vez que en un instrumento de control del presente para obtener réditos políticos. ¿Qué es la industria de la memoria? Un negocio.” A este respecto, Vicenç Navarro, catedrático de Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Pompeu Fabra,  en su artículo “Javier Cercas y su manipulación de la memoria histórica” expone: “Definir ahora la búsqueda de la memoria individual y colectiva de tales personas (en condiciones dificilísimas) como una industria es un insulto en letras mayúsculas a aquellos que están haciéndolo con una enorme pobreza de medios y a un enorme coste personal…considero repugnante (y no hay otra manera de decirlo) que –Javier Cercas- vaya utilizando los medios –de comunicación-  para dificultar la labor heroica de aquellos que, con un gran coste personal, están presionando para que se conozca, se homenajee y se retribuya a los que perdieron su vida, en una causa que les honra”.



 Javier Cercas


  Debo confesar que este libro de mi novelista español preferido, entre los mejores, si no el mejor, me ha decepcionado. Tal vez sea porque noto en él la influencia de la moda tan extendida en los medios de comunicación y de la telebasura de fomentar el morbo, el linchamiento personal, el sacar los trapos sucios en lugar de hacer lo que debieran: informar honestamente y fomentar los ideales democráticos y el respeto hacia la opinión de los demás. Pero claro, eso no vende en una sociedad decadente como la que nos está tocando vivir.
  Ojalá que Javier Cercas aparque por un tiempo su faceta de historiador para entregarse por entero a su celebrada labor de novelista, porque como él mismo repite de manera casi obsesiva a lo largo de todo el libro, “la realidad mata, la ficción salva”. Seguro que su público se lo agradecerá.

©Javier Carrasco 2015

domingo, 11 de enero de 2015

Cine: Birdman o (La inesperada virtud de la ignorancia)

.

.


Director:  Alejandro González Iñarritu

USA, 2014

La película del director mexicano es una comedia negra que cuenta la “aventura" de un actor de cine que conoció la fama gracias a su papel  en películas de superhéroes y que decide llevar a Broadway, Nueva York, una obra teatral, para consagrar su carrera de actor.  Lo que a simple vista podría ser algo inocuo se convierte en un auténtico “infierno”, conseguir que la obra llegue al estreno.
 En un ambiente paranoico, de pura esquizofrenia, bien conseguido con la ayuda de una banda sonora que se limita a un solo de batería, se nos ofrece los padecimientos del personaje principal para conseguir que la obra, su familia y su propia cordura no se hundan en el abismo.
Con mucho humor negro y corrosivo, se nos introduce entre bastidores, ofreciéndonos una divertida e inquietante parodia del mundillo del teatro y del cine, sin dejar títeres con cabeza: el todo sea por la fama, vanidad y locura de actores y actrices que se “devoran” tras el telón, la labor canalla de la crítica despiadada, las relaciones personales artificiales y deshumanizadas…
La película en sí es una paranoia total, pero divierte e innova en muchos aspectos. Merece la pena verla solo para asistir al duelo interpretativo de sus dos actores principales, Michael Keaton y Edgard Norton, a tortas durante la mayor parte del film, pero increíblemente geniales. Recomendable.



©Javier Carrasco 2014


domingo, 14 de diciembre de 2014

Discurso mariano



          
  
   Ante la proximidad de las fiestas navideñas, ya sabéis, tiempo de paz y amor para todos los hombres de buena voluntad, nuestro insigne líder mariano ha inaugurado la temporada de discursos con unas cuantas perlas muy propias de su carisma y talante.
  Viene a decir este genio del verbo fácil que la crisis es historia del pasado y que éstas serán las primeras navidades de la recuperación. Todo esto lo ha dicho con ese gracejo y cercanía que lo caracteriza y además me temo que aconsejado por talentosos asesores pagados con dinero público.
Yo no sé si es que realmente es tan inepto como parece o que su cinismo no tiene límites.
             Le voy a recordar (a él o a sus asesores y además “de gratis”) que es su propio Consejo de Ministros el que ha aprobado más ayudas para Cáritas y Cruz Roja, organismos que no se ocupan precisamente de especular en bolsa. Además de asumir ese mismo Consejo de Ministros el incremento del número de españoles que no pueden pagar la calefacción (pobreza energética  ¿le suena don mariano?).
  Otros datos que le lanzo: han aumentado en unos 800.000 los niños que hoy viven en España bajo el umbral de la pobreza, y estos son datos que ofrece una institución tan alejada del peligroso rojerío o de esos advenedizos de Podemos como es UNICEF.
            Y por último y siguiendo con datos de fuentes totalmente reconocidas y alejadas de manipulación electoralista, como es el informe que la Relatora Especial sobre Pobreza Extrema y Derechos Humanos de Naciones Unidas (Magdalena Sepúlveda Carmona) le he de señalar a este impresentable presidente mariano que su política de reforma fiscal se aleja e incumple la obligación reconocida en el mencionado informe, de destinar el máximo de los recursos disponibles para garantizar los derechos humanos, económicos, sociales y culturales.
            Por tanto es para echarse a temblar si con este panorama ese individuo mariano se atreve a proclamar a los cuatro vientos que la crisis es historia.

© Purificación Moreno 2014


viernes, 28 de noviembre de 2014

Psicodelia y contracultura en los años 60




 “La experiencia psicodélica es un viaje a nuevos realismos de la conciencia”.  Timothy Leary

  Durante la década de los 60, coincidiendo con la recuperación económica tras la II Guerra Mundial, tuvieron lugar las revoluciones culturales y socio-políticas más notables del siglo XX, encabezada por los jóvenes inconformistas que se oponían a las normas impuestas por el “establisment”,  y de cuyo intento brotaron ideologías de todas las tendencias, así como modos de vida no conocidos hasta entonces, cuya repercusión aún encuentra ecos a día de hoy, bien entrado ya el siglo XXI. Hablamos del movimiento cultural conocido como psicodelia, del movimiento hippie y del fenómeno contracultural, todos ellos interrelacionados, que parte de la sociedad estadounidense y acabaría extendiéndose por todo el orbe.


Psicodelia y LSD



  El movimiento psicodélico tal vez no hubiese existido sin una droga sintética, la dietilamida  del ácido lisérgico (LSD), conseguida por el químico suizo Albert Hofmann para fines terapéuticos. En 1943, accidentalmente absorbió una pequeña cantidad a través de los dedos de las manos y su estado de percepción comenzó a cambiar a la media hora: sintió inquietud y un ligero mareo y experimentó un aumento de la capacidad sensorial, con una imaginación fuertemente estimulada. La droga en si produce un estado alterado de la conciencia, en el que los colores ganan intensidad, las formas cambian  y el exceso de información funde al ego con el ambiente, logrando un nivel pleno de empatía, al igual que el cannabis, una sensación de paz interior y armonía con todo lo que rodea, con el universo entero. Como cabría esperar, una droga de estas características no tardó en llamar la atención de científicos, escritores, artistas y hasta de la CIA.



Iron Butterfly . “ In a gadda da vida” . 1968. Cuando acudieron a grabar el tema estaban tan colocados que el vocalista era incapaz de pronunciar el título original “In The Garden Of Eden”.

  En el terreno de la psiquiatría, muchos profesionales emplearon la droga para mejorar sus técnicas terapéuticas. La capacidad del LSD para hacer aflorar el subconsciente se presentaba como una oportunidad de oro y distintas escuelas de psicología trataron de adaptarla a sus métodos.  Cabe mencionar la figura de Timothy Leary, psicólogo y escritor  y uno de los fundadores del movimiento psicodélico. En septiembre de 1966, Leary fundó La Liga para el Descubrimiento Espiritual, una religión que declara al LSD como su santo sacramento, en parte como un esfuerzo infructuoso por obtener un status legal para el uso de LSD,  basándose en el argumento de "libertad de religión". Con todo, el 6 de octubre de 1966 el LSD fue declarado ilegal  y todos los programas científicos de investigación detenidos. Posteriormente, Leary hizo una gira por algunas universidades presentando una interpretación multimedia llamada “La Muerte de la Mente”, con el fin de representar la experiencia con el LSD. En enero de 1967, Leary pronunció un discurso ante la Human Be-In, un grupo de 30.000 hippies en el Golden Gate Park de San Francisco, donde dijo su famosa frase “Turn on, tune in, drop out” ("Relájate, colócate y sintoniza”).

 
  A la CIA le interesó la potencialidad que podría tener la LSD a la hora de anular la voluntad. A través del proyecto MKUltra, iniciado a principios de los 50, la CIA llevó a cabo experimentos con el fin de encontrar una droga útil para los interrogatorios, que obligasen al enemigo a revelar la verdad. Las películas "El mensajero del miedo" ( "The Manchurian Candidate", John Frankenheimer, 1962) y  "La  escalera de Jacob"   (Adrian Lyne, 1990) tratan el tema con mucho acierto. Las investigaciones oficiales se abandonaron  porque no se pudieron lograr los objetivos pretendidos.


Tema "Aquarius" de la película musical pop "Hair"


  Y hablando de cine, en “Easy Rider” (1969) y “Hair” (1975), la película y el musical que mejor tributo rendirían a los jóvenes contraculturales de los sesenta, los directores mostrarían fielmente la experiencia de las drogas. En la primera, Peter Fonda, Dennis Hooper y Jack Nicolson asisten a los mejores discursos sobre el ejercicio de la libertad envueltos del humo de los porros de una comuna hippy que encuentran por “el camino en busca de América”. En “Hair”, Claude Bukowski (John Savage), un joven de provincias que acude a Nueva York para citarse con el Consejo de Instrucción del Ejército, vive una aventura que le cambia la vida después de convivir con un grupo de hippies congregados en Central Park. Los viajes de LSD modifican su visión del mundo entrando en estados alucinógenos mientras las drogas se convierten en el mejor pretexto para vivir al máximo su libertad.


La Generación Beat

  Pero la base ideológica precursora de la psicodelia proviene de la influencia de un grupo de escritores norteamericanos de la década de los 50, conocido como la Generación Beat. Se caracteriza este grupo por romper con la tendencia conformista en el arte en general desde el final de la II Guerra Mundial. Con ellos se hace patente el rechazo a los valores estadounidenses clásicos, el uso de drogas, una gran libertad sexual y el estudio de la filosofía oriental. Esta nueva forma de ver las cosas dejó su principal influencia y legado en la posterior contracultura o movimiento hippie.

   De entre los autores más importantes destacan el poeta Allen Ginsberg, que publicó "Howl" (Aullido) en 1956, un poema escrito en verso libre y que narra las experiencias de esta generación. El acercamiento que hace a la homosexualidad le valió posteriormente varios juicios por obscenidad. Jack Kerouac editó "On the road" (En el camino) en 1957, libro que se convertiría en la hoja de ruta del movimiento hippie. Describe viajes con sus amigos recorriendo los Estados Unidos hasta llegar a California, todo con el jazz como telón de fondo. El último de los grandes de la Generación Beat fue William Burroughs y su "Naked Lunch" (El almuerzo desnudo) de 1959. Con marcada obscenidad, narra la miserable vida de los yonkies enganchados al opio y la heroína. Burroughs, que fue también adicto a los opiáceos, tuvo que enfrentarse con la censura por esta novela, pero tras su victoria consiguió acabar de una vez por todas con la censura en los EE.UU.
  La estética de la Generación Beat fue absorbida por la cultura de masas y por la clase media hacia finales de los años cincuenta y principios de los sesenta. "En el camino", por ejemplo, la novela de Karouac se convirtió en una obra de culto de la juventud. Su canto a la liberación espiritual derivó hacia una liberación sexual que hizo de catalizador en los movimientos de liberación de la mujer y de los negros, el ascenso de la contracultura hippie e indirectamente a la liberación de los homosexuales. También influyó a un gran número de personajes de la cultura americana, en especial a músicos como Bob Dylan, Jim Morrison, el vocalista de The Doors o Janis Joplin, entre otros.




 Janis Joplin. "Summertime" Su mítica voz desgarradora acompañada por la inconfundible guitarra de Jimi Hendrix.



Los “hippies” y la revolución psicodélica.
 

  Al igual que Timothy Leary, el joven novelista Ken Kesey se ve atraído por el LSD y sus “virtudes”, llegando a someterse a experimentos con la droga como si de un cobaya humano se tratara. Terminó por convertirse en un auténtico profeta del ácido, constituyendo un grupo de personas, músicos y artistas en su mayoría, que anhelaban experimentar los efectos del LSD. Pasarían a conocérseles como los Merry Pranksters (Alegres Bromistas), que travesaron Estados Unidos de costa a costa en un destartalado y llamativo autobús para conectar con el grupo de Leary, aunque el encuentro fue un poco decepcionante, ya que Kensey y los suyos promulgaban un consumo de la droga porque sí, por mera diversión, sin las pretensiones intelectuales del grupo de Leary. En sus sucesivos viajes por todo el país, realizaron lo que se llamaron Acid tests, fiestas en las que se consumían drogas psicodélicas y se escuchaba música de los Grateful Dead. Kesey quería expandir el uso de LSD para lograr un cambio de mentalidad en la sociedad.

  Entre 1964 y 1966, ciudades como San Francisco (barrio mítico de Haight- Ashbury), Berkeley y Los Ángeles estallaron en un inmenso alucine colectivo.  Fue un fugaz momento de esperanzas e ideales, un amago de revolución que bailaba al ritmo de Grateful Dead, The Doors, Janis Joplin, Jefferson Airplane, Santana y otras formaciones musicales de corte psicodélico. Una experiencia multitudinaria, hinchada de misticismo, orientalismo y no-violencia y que daría finalmente la ecuación básica del Flower Power: iluminación interior = liberación de los instintos agresivos = amor recíproco = amor universal paz en el mundo.
  La causa que llevó a muchos hippies a entrar en la protesta social fue la Guerra de Vietnam. Acompañados del lema Peace and Love, los hippies protestaban contra una guerra que consideraban de agresión e iba en contra de su lucha por un mundo de fraternidad y amor. Muchos de los sindicatos estudiantiles que participaron en estas manifestaciones afirmaban haber consumido LSD y defendían unos valores similares a los profesados por los hippies. Son conocidos los episodios de quema de tarjetas de reclutamiento para el ejército, que tuvieron lugar en las principales ciudades del país.


1967 y 1969 se convertirían en dos años cruciales en la historia que nos concierne. En la primera fecha, el 14 de enero, se llevó a cabo el Human-Be In: A Gathering Of The Tribes (Encuentro entre humanos: Un encuentro entre las tribus) en el cual se dieron actividades diversas como una feria de productos contraculturales, discursos de personalidades como Timothy Leary, Ram Das, Greg Zinder, así como la poesía beat y los mantras hindúes de Allen Ginsberg y las espectaculares actuaciones de bandas psicodélicas de la talla de Jefferson Airplane, Quicksilver Messenger Service, Sopwith Camel y The Grateful Dead. Se estima que asistieron alrededor de 20,000 personas de todo el país, y el evento fue ampliamente difundido por la televisión internacional, que aunque lo hacía con cierto desdén y morbosidad ante el espectáculo freak representado, tuvo el efecto de propagar rápidamente ese estilo de vida tan libre en la juventud norteamericana e inglesa.

 Jimi Hendrix

  En junio de ese mismo año tuvo lugar el Festival Pop de Monterrey, San Francisco, al que asistieron más de 200.000 personas. Fue el primer gran festival pop celebrado al aire libre. Su poderosa combinación de música y cultura juvenil marcó uno de los hitos más significativos de los años 60. No sólo tocaron muchas de las bandas psicodélicas del área de San Francisco, sino también grandes grupos británicos como The Who o The Animals, y cantantes como Janis Joplin o Jimi Hendrix, cuyo lanzamiento a la fama se produjo allí precisamente. A partir de 1967 se comenzó a llamar “Verano del Amor” (“Summer of Love”) a todo lo que aconteció alrededor del festival de Monterrey y la concentración hippie de San Francisco. Una ciudad que, habiendo sido ya muy importante para la generación beat, se convirtió en el centro neurálgico del movimiento hippie y capital mundial de la música.






   Hubo un segundo acontecimiento musical y artístico, quizás el más importante, que marcó un antes y un después en la era hippie. Fue el Festival de Woodstock de 1969, que llegó a reunir durante tres días a cerca de 500.000 personas. En este momento el movimiento contracultural se encontraba en su cenit. Celebrado en una granja del estado de Nueva York, multitud de jóvenes, a pesar de las lluvias, el barro y las insuficientes instalaciones, abarrotaron un encuentro que pasaría a la historia, no sólo musical. Joan Baez, Crosby, Stills, Nash & Young, Janis Joplin, Jimi Hendrix, Jefferson Airplane, The Grateful Dead, Creedence Clearwater Revival, The Who o Santana, son tan solo una parte de los grandes músicos o conjuntos que actuaron en un festival anunciado como “tres días de paz y amor”.


  Durante el festival se vivieron intensas noches de sexo y drogas, destacando el consumo de LSD y marihuana; todo esto aderezado con música rock. Aunque inicialmente el concierto se organizó pensando que conllevaría pérdidas para la organización, el éxito del documental sobre el evento hizo que finalmente resultara un acto rentable. Sin embargo, debido al número de asistentes, las condiciones sanitarias dejaban mucho que desear ya que se organizó el festival pensando que iban a acudir unas 250.000 personas, pero al final –según estimaciones– la asistencia fue mucho mayor, en contraste con las pretensiones de este que pretendía ser una celebración a favor de la paz y del amor.



  El optimismo que emanaba la nueva contracultura se empezó a resquebrajar poco a poco. A ello contribuyó en gran medida el escándalo mediático del caso Manson (agosto 1969) y los tremendos hechos ocurridos en el Festival pop de Altamont. Charles Manson pasó a la historia negra de EEUU de la década de los 60 por liderar a la peligrosa secta “La familia”, responsable de una cadena de asesinatos en Los Ángeles, entre los que se encontraba la actriz Sharon Tate, casada entonces con el director de cine Roman Polanski. Una matanza con tintes rituales en la que se intentó relacionar a los hippies.
Portada psicodélica del disco de Cream "Disraeli Gears"

   En diciembre de 1969 los Rolling Stone organizaron el Festival Pop de Altamont, que se saldó con el asesinato de un joven negro por parte de un integrante de de la banda de moteros conocida como los  “Hell’s Angels” (“Ángeles del Infierno”). Siempre será recordado por sus episodios de desorden y violencia, que dejaron un saldo de un homicidio y tres muertes accidentales. El grupo inglés quería cerrar su exitosa gira por los Estados Unidos con un concierto memorable junto a otras grandes bandas como Santana, Jefferson Airplane, Crosby, Stills & Nash o The Grateful Dead. Mucha gente especulaba con que el evento se convertiría en otro “Woodstock”. Pero el resultado fue otro bien distinto, un verdadero caos.






  En esta época, a finales de los 60, yo era un niño de 6, 7 años y de lo que más me acuerdo es de las imágenes borrosas en la televisión en blanco y negro de la llegada del hombre a la Luna, así como de los guateques que organizaban mis padres en casa con discos de Los Beatles, Los Bravos, Fórmula V y otros grupos punteros españoles que introdujeron en la España de Franco la estética psicodélica que se había extendido ya por medio mundo. Recuerdo canciones como “Yellow Submarine”  (Submarino Amarillo) de los Beatles o el mítico “Black is black” de Los Bravos, que a mi me chiflaban, hasta tal punto que los Reyes Magos me trajeron una bateria de juguete, que yo aporreaba cantando esas canciones e imitando a los “melenudos” que veía actuar en televisión. Aunque no tardaría mucho en abandonar ese instrumento para descubrir la magia de la guitarra, sobre todo en manos de músicos tan notables como Chuck Berry, Carlos Santana o  "San Jimi Hendrix".

© Javier Carrasco 2014

domingo, 23 de noviembre de 2014

NO A LA "LEY MORDAZA"


  Al igual que ocurrió con la ley del aborto defendida por el ex ministro Ruiz Gallardón, el Proyecto de Ley de Seguridad Ciudadana –comúnmente conocido como “ley mordaza” -  es otro claro ejemplo de vuelta a atrás en la consecución de derechos y libertades civiles, un ataque directo a la Constitución Española y a los propios Derechos Humanos, muy en la línea del punto de vista  franquista, tan amante de la represión y del  recorte de libertades. De resultar aprobada, y  espero que nunca ocurra, pues confío en que la oposición política y la opinión pública así lo impidan, se perderían libertades ya alcanzadas tras el derrame de mucha sangre, sudor y lágrimas, como son la libertad de expresión y de manifestación pública, viéndose esta última gravemente atacada pues lo que pretende la citada ley es criminalizar el derecho a huelga y manifestación.
 Foto de  Iván Otero

  Según ha venido informando la prensa más o menos fiable, los que se oponen al PP están pidiendo un frenazo a dicha ley, puesto que trata un tema extremadamente delicado como para precipitarse, como se desprende de las intenciones del gobierno para poner en práctica las devoluciones en caliente de los inmigrantes desesperados que se agolpan frente a las vallas de nuestra frontera sur, huyendo de la pobreza y de la barbarie y en busca de una vida digna.
 

Efe



  Pienso que todo ciudadano demócrata que se digne de serlo debería exigir la total marcha atrás de este proyecto de ley, como ha ocurrido con la fallida ley del aborto defendida por Ruiz Gallardón,  ley de “seguridad” ciudadana que beneficia sólo a los intereses de la minoría que obstenta el poder y del capitalismo, en perjuicio de la mayoría de ciudadanos y ciudadanas a los que se pretende criminalizar por el mero hecho de ejercer su derecho a protestar frente a las injusticias y a los abusos de poder. En cualquier país serio esto sería considerado un alto ultraje contra la sociedad democrática en su conjunto,  digno del completo y unánime rechazo.


Javier Carrasco

domingo, 12 de octubre de 2014

Paisaje otoñal


















Llega la brisa fresca, diáfana
perfumada de aromas de madera
húmeda y tierra mojada.
Por el cielo, figuras de algodón
surcan, rápidas, el claro celeste.
Los árboles se visten de oro
y fuego pasión, engalanados,
celebrando la merecida plenitud,
colmada por los frutos del bosque.
La naturaleza entera estalla en
una alegría sosegada, melancólica,
animada por las notas musicales
del viento al atravesar las ramas
y la repentina danza quebradiza
de las hojas doradas, encendidas,
que con alborozado júbilo festivo
vuelan aquí y allá, erráticas.
Un año más ha pasado y el ciclo
se completa con lógica exactitud.
Los tonos amarillos, anaranjados,
rojos,  dominan el delirante paisaje
que atrapa al espíritu más sensible,
arrastrándolo al inevitable éxtasis.
Paisaje otoñal, de deslumbrante
belleza, siempre apelas al recuerdo
de aquella fría noche de vendaval
en que el amor tuvo a bien visitarme
mientras bebía de la cálida copa
el vino que haría palpitar mi sangre.



 ©Javier Carrasco 2014