domingo, 24 de abril de 2016

"Los gatos de Estambul" de Antonio Tapia






  En “Los gatos de Estambul” (Ed Alianza Grupo Género, SL, Granada 2015), el abogado mallorquín Albert Moliner, antiguo diplomático y jugador empedernido, narra la sórdida historia que por necesidades económicas le lleva al norte de África como testaferro de un constructor isleño nada menos que en plena revolución de la “primavera árabe”, con lo que las aventuras y emociones fuertes están aseguradas.
  Se trata de una obra que combina con pericia la intriga propia de la novela negra, con descripciones pormenorizadas del “modus operandi” de esta nueva hampa de nuestros días y que se mueven como pez en el agua entre sus queridísimos paraísos fiscales y sociedades offshore, y que como día a día nos muestran los medios de comunicación tanta polvareda levanta en el mundo “político” y “empresarial”, así como, por otro lado las delicias de los libros de viajes y aventuras, trasladándonos sin movernos del sillón a la belleza y el romanticismo de paisajes exóticos y a deambular con singular viveza por las calles de emblemáticas ciudades como Túnez, El Cairo o Estambul, lugar donde se completa el  círculo. Aunque también cabe decirlo, el romanticismo de pronto desaparece para dar paso a atmósferas asfixiantes y ambientes desoladores con desagradable olor a muerte.
  Así pues, las 229 páginas que dan forma y textura a “Los gatos de Estambul” se leen con prontitud y avidez, y quizás por la influencia de su personaje principal, Albert Moliner, gran amante de los naipes, los acontecimientos se van desarrollando de la misma forma que transcurriese una partida de cartas imaginaria, a golpe de cartón sobre el tapete, donde cada jugada ha de llevarse a cabo sin apenas tiempo para la reflexión y donde no hay posibilidad de vuelta atrás. Llama así mismo la atención el cuidadoso uso del lenguaje así como la esmerada prosa empleada, donde el lector podrá hallar auténticas “joyas” descriptivas escondidas y diseminadas a lo largo de  la narración, autenticas pinceladas de atractiva apreciación poética, que contribuyen con notoriedad al estimado valor estético de la obra.


    “Los gatos de Estambul” es la primera novela de Antonio José Tapia Gómez (Granada 1955) que estudió medicina en la Universidad de Granada y es especialista en Medicina Interna y máster en Enfermedades Infecciosas, desempeñando actualmente su labor en el Hospital Virgen de las Nieves de Granada.
   Para mi es un gran honor publicar aquí una reseña de su espléndida novela, pues nos conocemos desde tiempos universitarios, habiendo compartido con él aventuras y desventuras dignas de ser llevadas al papel. Enhorabuena, querido amigo, y mientras tanto, sigamos aprendiendo del comportamiento de los gatos de Estambul...


©Javier Carrasco 2016

viernes, 25 de marzo de 2016

Jesús de Nazareth: el primer "hippie" de la Historia.



  

 Casi nadie duda hoy de la existencia del Jesús de Nazareth histórico, el rabí de la secta nazarita que se reveló contra el judaísmo imperante al servicio de la Roma imperial.  La prueba más evidente es la existencia de los cuatro evangelios del Nuevo Testamento, que fueron escritos un siglo después, así como los llamados evangelios apócrifos, no incluidos en la Biblia. Todos ellos hablan acerca de la vida y enseñanzas de este gran personaje.
  A Jesús le ocurrió un poco como a Cristóbal Colón unos siglos después: ambos iniciaron un viaje que trascendió a sus propias vidas. El primero murió sin saber que había sentado las bases de una de las religiones más influyentes del mundo, y el segundo tampoco supo que su nueva ruta a la India le había llevado a un vasto continente, desconocido para casi todos. Grandes paradojas de la vida.

  De esta manera, el rabí, al igual que otros tantos líderes político-religiosos de la Palestina, provincia oriental del imperio romano, del siglo I, se vio en la necesidad de luchar contra el poder opresor del judaísmo oficial, representado por el rey Herodes y la casta sacerdotal del Templo, y que no eran sino marionetas del poder imperialista de Roma, al que rendían pleitesía, a cambio de ciertos privilegios. Un poco como ocurre hoy en día con los gobiernos neoliberales al servicio del gran poder del FMI y de la Troika, para que nos entendamos.

  Su doctrina iba encaminada a liberar al pueblo judío oprimido y a depurar al judaísmo del Templo, que se había amoldado a las exigencias de Roma, apartándose por tanto de la tradición, corrompiéndose. Jesús, como la mayoría de sus compatriotas, estaba harto de tanta barbarie, de tanto derramamiento de sangre inútil, de tanta corrupción y entonces toma las riendas de un movimiento revolucionario, ya iniciado por su primo asesinado Juan el Bautista, cuya máxima pretende acabar con dicha barbarie y corrupción de poder: ama a tu prójimo como a ti mismo. Una ideología basada en el amor como ésta en un mundo lleno de salvajismo y calamidades se expandió por todo el orbe como la pólvora. Casi dos mil años después, la ideología pacifista “hippie” toma planteamientos similares ante la escalada bélica imperante en plena Guerra Fría.

  Es en esa expansión de las enseñanzas de Jesús cuando empiezan a producirse las por otro lado inevitables influencias de las culturas y creencias locales, es decir, cuando el cristianismo pasa a Siria, Grecia, Egipto, y es cuando comienza el proceso de “divinización” de su figura. Un dato curioso es que en los evangelios jamás se llama él a si mismo “Hijo de Dios”, costumbre esta que sí practicaban los emperadores y faraones, pero que en tiempos de Jesús y en Palestina sería considerado un monumental sacrilegio. Así pues cuando la nueva doctrina llega a un territorio extranjero sufre la correspondiente “adaptación” al medio. Eso se ve claramente a lo largo de la historia y con todas las grandes religiones.

  No obstante, fue Roma la que más deformó y tergiversó la doctrina cristiana originaria al traspasarla a su organizadísima sociedad estamental. Se puede decir que a partir de aquí la Iglesia hereda las características de poder imperialista que darán al traste con aquel primitivo mensaje lanzado por Jesús, y que tantas controversias y magnicidios han producido con el devenir de los siglos. He ahí otra gran paradoja: tanto afán en convertir a la pagana “ramera” que a su vez trastocaría para siempre la esencia de la doctrina, el mensaje del mesías libertador.
 
© Javier Carrasco

domingo, 20 de marzo de 2016

El Rock Sinfónico





    Desde finales de los 60 y durante toda la década de los 70 surgieron bandas de rock que quisieron ir más allá y experimentar hasta  llevar al género a cotas que lo igualaran a la música clásica, me refiero a grupos como Pink Floyd, Gènesis, Camel, King Crimson, Yes, Alan Parson’s Project…y un largo etcétera, que por la influencia de la formación en música clásica de sus integrantes se lanzaron a la exploración de nuevos sonidos e ideas, con un resultado que se puede considerar infranqueable.

  Estos grupos hacían un tipo de música muy elaborada, como si de sinfonías –de ahí el nombre del subgénero-  u otras composiciones clásicas se tratara, de hecho, muchos de ellos pensaban que estaban creando la música clásica contemporánea.

 Este tipo de rock era muy imaginativo, podías fácilmente  “ver” con tu cerebro lo que te sugería, te hacía evadirte de la realidad, como con el uso de las drogas psicodélicas, tan de moda en la época, pero sin ser tan nociva como aquéllas.


 Con el paso de los años, y de las décadas, este apreciado subgénero fue rebautizado con el horrible nombre de rock “progresivo” – y que a mi me suena a nombre de tiempo verbal: el pasado o el presente progresivo- e incluso hoy en día, con esta moda absurda de cambiarle el nombre a todo, ha sido rebautizado como “rock pro”. Menuda estupidez. Mucho mejor es mantener su denominación inicial,  por respeto profesional y por precisión histórica.

  En mi caso, el grupo que más me influyó y al que más oí fue a Pink Floyd, la banda británica más famosa de este estilo, quizá también la más comercial. Sus conciertos eran –y los siguen siendo- sobrecogedores, con una puesta en escena siempre respetuosa con el entorno y donde música, imagen e imaginación se daban la mano a partes iguales. 

Por supuesto que a España también llegó su influencia, como puede comprobarse al escuchar a grupos como Los Módulos, Canarios y sobretodo  los míticos Triana que a su vez crearon un subgénero único, el denominado rock “andaluz”.




domingo, 21 de febrero de 2016

Adiós a Umberto Eco, mi novelista actual preferido.



   Bastante triste quedé ayer cuando recibí la noticia de manos de mi amigo Jesús Cano Henares en una conversación telefónica, cuando no habían hecho más que aparecer los titulares en la prensa online. Una enorme pérdida no sólo para las Letras sino para el mundo académico también. Mi devoción por él arranca desde los ochenta, cuando yo era estudiante de filología en la Universidad de Granada y su gran novela “En nombre de la Rosa” acababa de ser publicada (1980). No pude leerla hasta años después, debido al contingente de obras clásicas y de autores anglosajones que debía “devorar” para cumplir con los currículos estudiantiles, pero no me perdí su magnífica versión llevada a la gran pantalla por el director francés Jean-Jacques Annaud (1986) y que nunca me canso de ver una y otra vez. No cabe duda que esta novela me influyó bastante a la hora de escribir la mia,“La cantiga de Pedro de Aranda” (Árráez Editores 2007) también ambientada en el medievo, aunque tratando un tema muy diferente. Casi imposible era que no me dejara arrastrar por la fuerza narrativa y el fabuloso tratamiento de la inriga del profesor de semiótica piamontés.
  Otros dos libros suyos también me llegaron al alma, “El péndulo de Foucault” (1988) que recuerdo en la primera lectura estar rodeado de toda una batería de diccionarios (latín, francés, hebreo…) para “vivir” esta historia mezcla de metaliteratura y thriller histórico, así como su “Baudolino”(2000), otra vez de vuelta al medievo, la intriga y el género policiaco, pero en esta ocasión con grandes dosis de picaresca, comedia e ironía.
  Con gran pesar despedimos a uno de los mejores novelistas de los siglos XX y XXI, que por fortuna, por otro lado queda inmortalizado por unas obras que siempre llevaremos en el corazón mientras el “show” continúe. Hasta siempre, querido Umberto.

domingo, 4 de octubre de 2015

Vosotras, cosas pequeñas.



Vosotras, cosas pequeñas
cercanas y cotidianas
ya estáis acostumbradas
a ser por siempre ignoradas
en el reino de las prisas
y de la estupidez mundana.
Por esa fácil inmediatez
sois a menudo despreciadas
como si sólo lo caro y
difícil fuera de gran valor.
Desprecio por ignorancia,
pues vosotras guardáis las
llaves de tesoros milenarios
visibles sólo a los ojos
que en verdad saben mirar.
Y es que en vuestra esencia
 se hallan las virtudes y el
camino que día a día se
aproxima a la esquiva felicidad.
Vosotras, cosas pequeñas,
tan perdidas y olvidadas,
de magia estáis impregnadas
por eso a quienes os estiman
desveláis vuestros secretos,
regaláis vuestra sapiencia,
¿habrá mayor  opulencia?

©Javier Carrasco 2015

jueves, 27 de agosto de 2015

Sombras en el cementerio judío de Praga





   ¿Dónde estará el resto de la división?, ¿acaso se habrán pasado al bando de  los sublevados? No es de extrañar, tras los horribles sucesos acaecidos en las últimas semanas, culminando con el suicidio del Führer. No hay lugar a dudas: es el fin.
Quién te lo iba a decir, ironías del destino. Tú, oficial de las SS, mano derecha del “Carnicero de Praga”, el “Reichsprotektor” nombrado por el propio Führer para aplastar a la resistencia checa mediante la instauración del terror y la represión; tú, experto cazador de judíos, ahora atrapado en su viejo cementerio atestado de lápidas y con varias capas de enterramientos y cadáveres debajo tuyo, por la falta de terreno y la prohibición que tienen los judíos de no desenterrar a los muertos para trasladarlos a otros cementerios. El cazador cazado.



   Todo resulta demencial. Para colmo la resistencia se ha sublevado y ha tomado puntos estratégicos de la ciudad, a sabiendas que tanto las tropas norteamericanas por el oeste como el Ejército Rojo ruso al este, se hallan a las puertas de la ciudad. Puede que tu general  haya firmado ya las capitulaciones de rendición y se hayan retirado, como podría explicar la reducción de la crudeza del fuego y de los combates, tan arduos en los días anteriores. Puede que el Ejercito Rojo haya tomado ya la ciudad. En definitiva, tu vida corre serio peligro y salir de este escondite podría acarrearte serios problemas. Es fácil ser blanco de los francotiradores apostados por toda la ciudad, o ser sorprendido por las turbas de la resistencia checa ávida de sangre y venganza.

  No sabes que te has refugiado tras el sepulcro del célebre rabino  Judah Loew ben Bezalel, que vivió en el siglo XVI, estudioso del Talmud y de la Cábala, también matemático y astrónomo, conocido como el “Marahal de Praga”. Has oído hablar de él. Alguien te contó la leyenda que circula en la ciudad de que el piadoso y santo rabino había creado del barro un “golem”, una criatura gigantesca y deforme que defendiera a los judíos de la ciudad de los ataques antisemitas, muy cerca de donde ahora estás, en la sinagoga de  Altneuschul. Le infundió vida introduciéndole en la boca el “shem.”, es decir, una pequeña tira de pergamino con una inscripción mágica en hebreo que contenía el nombre de Yahveh, el Dios judío. Pero un aguerrido oficial de las SS no puede creerse ese cuento medieval que no asusta ni a los niños.


  El oficial alemán lleva muchas horas oculto, esperando algún momento de tranquilidad para abandonar la posición e intentar cruzar el puente que le lleve a la otra orilla del río y poder alcanzar el campo abierto, aunque no tenía muy claro hacia dónde debía dirigir su huida. El enemigo lo rodeaba por todas partes. Faltaba poco para que anocheciera y el viejo cementerio se cubrió de sombras y de un frío intenso. El oficial asió su pistola y estaba alerta, mirando en todas direcciones. De pronto oyó un ruido extraño, como el gruñido de una bestia, proveniente de su flanco derecho. Con ojo avizor miró hacia el lugar. Su semblante palideció. Una sombra gigante y deforme se agitaba tras unas lápidas medio derruidas. El terror se apoderó del oficial que sin pensarlo echó a correr a toda velocidad hacia las puertas del cementerio.  Un disparo atronador quebró el tenso silencio reinante antes de que cayera la noche. El oficial sintió como el fuego le quemaba la garganta, impidiéndole respirar. Cayó al suelo como un muñeco roto y quedó inerte sobre el suelo aún cubierto de nieve. 




© Javier Carrasco 2015



martes, 14 de julio de 2015

LA UNIÓN DE LA IZQUIERDA


  Desde 2008, momento en que se inició la llamada “crísis” financiera, los trabajadores y los ciudadanos en general han visto como sus derechos sociales y universales han venido siendo pisoteados de manera imparable sin que los gobernantes de los estados hayan puesto remedio alguno. Son tiempos difíciles en que cualquier ciudadano que se precie de ser de izquierdas de verdad –no sólo de palabra o de imagen -  sabe que la izquierda debe estar más unida que nunca para hacer frente a un enemigo poderoso: el neoliberalismo, eufemismo actual que viene a definir al capitalismo financiero especulador y sin escrúpulos, que mata, esclaviza, diezma y pulveriza a estados y democracias –Grecia, el caso más cercano y doloroso- sin el más mínimo reparo, con tal de seguir aumentado sus capitales y beneficios. “La peste del siglo XXI” como a mi me gusta denominarlo.


 Por ello, y ante esta clara y peligrosa evidencia, los partidos políticos de izquierdas de  la España actual  –izquierda de verdad, no sólo de palabra o imagen- deben olvidarse de siglas,  de protagonismos individuales,  de estúpidas luchas hegemónicas, de “chupar cámara” y por el contrario deben esforzarse por formar un frente común, una plataforma política armada de sustanciosa ideología que pare los pies a  ese poderoso enemigo común, dispuesto a fagocitarnos y a convertirnos en sus miserables esclavos. Esa debe ser la prioridad más inteligente, y no perder el tiempo con actitudes que conduzcan a la escisión. Es necesario tener muy presente una verdad como un templo que todo aquel de ideología de izquierda conoce: la unión hace la fuerza.


 Lo de la ideología es muy importante, porque no estamos ante un problemilla o chiquillada sin importancia, y la ideología que hasta la fecha se ha preocupado por el bienestar de todas las clases sociales, en especial de las menos favorecidas, ha sido la marxista, independientemente de los fracasos que haya tenido su aplicación en distintos países y a lo largo de los dos últimos siglos de  la Historia. Un marxismo adaptado a nuestros tiempos, por supuesto, teniendo en cuenta la economía financiera global, los nuevos medios de producción y el poder omnipotente con que cuenta el capitalismo neoliberal y su brazo ejecutor: la troika o Fondo Monetario Internacional. Un marxismo que siga promoviendo la lucha de clases y la limpieza y reconstrucción de los maltrechos sindicatos, obra del torpedeo a que han sido sometidos por parte de ese poder neoliberal,  que los ha comprado y prostituido. Y un marxismo que abrace una economía al servicio de  la sociedad, del estado y no al revés, justo lo que está ocurriendo ahora. La economía financiera global sólo beneficia a unos pocos supercapitalistas especuladores y verdaderos terroristas –como les llama el ex ministro de economía griego Varoufakis- en detrimento y perjuicio de una inmensa mayoría.


 Todo esto es muy necesario, vital diría yo, si queremos que los derechos de los trabajadores, de los parias de la sociedad, incluso los propios Derechos Humanos, también pisoteados, no sean ultrajados ni exterminados, que en definitiva, es ahí a donde nos pretenden conducir.