viernes, 28 de noviembre de 2014

Psicodelia y contracultura en los años 60




 “La experiencia psicodélica es un viaje a nuevos realismos de la conciencia”.  Timothy Leary

  Durante la década de los 60, coincidiendo con la recuperación económica tras la II Guerra Mundial, tuvieron lugar las revoluciones culturales y socio-políticas más notables del siglo XX, encabezada por los jóvenes inconformistas que se oponían a las normas impuestas por el “establisment”,  y de cuyo intento brotaron ideologías de todas las tendencias, así como modos de vida no conocidos hasta entonces, cuya repercusión aún encuentra ecos a día de hoy, bien entrado ya el siglo XXI. Hablamos del movimiento cultural conocido como psicodelia, del movimiento hippie y del fenómeno contracultural, todos ellos interrelacionados, que parte de la sociedad estadounidense y acabaría extendiéndose por todo el orbe.


Psicodelia y LSD



  El movimiento psicodélico tal vez no hubiese existido sin una droga sintética, la dietilamida  del ácido lisérgico (LSD), conseguida por el químico suizo Albert Hofmann para fines terapéuticos. En 1943, accidentalmente absorbió una pequeña cantidad a través de los dedos de las manos y su estado de percepción comenzó a cambiar a la media hora: sintió inquietud y un ligero mareo y experimentó un aumento de la capacidad sensorial, con una imaginación fuertemente estimulada. La droga en si produce un estado alterado de la conciencia, en el que los colores ganan intensidad, las formas cambian  y el exceso de información funde al ego con el ambiente, logrando un nivel pleno de empatía, al igual que el cannabis, una sensación de paz interior y armonía con todo lo que rodea, con el universo entero. Como cabría esperar, una droga de estas características no tardó en llamar la atención de científicos, escritores, artistas y hasta de la CIA.



Iron Butterfly . “ In a gadda da vida” . 1968. Cuando acudieron a grabar el tema estaban tan colocados que el vocalista era incapaz de pronunciar el título original “In The Garden Of Eden”.

  En el terreno de la psiquiatría, muchos profesionales emplearon la droga para mejorar sus técnicas terapéuticas. La capacidad del LSD para hacer aflorar el subconsciente se presentaba como una oportunidad de oro y distintas escuelas de psicología trataron de adaptarla a sus métodos.  Cabe mencionar la figura de Timothy Leary, psicólogo y escritor  y uno de los fundadores del movimiento psicodélico. En septiembre de 1966, Leary fundó La Liga para el Descubrimiento Espiritual, una religión que declara al LSD como su santo sacramento, en parte como un esfuerzo infructuoso por obtener un status legal para el uso de LSD,  basándose en el argumento de "libertad de religión". Con todo, el 6 de octubre de 1966 el LSD fue declarado ilegal  y todos los programas científicos de investigación detenidos. Posteriormente, Leary hizo una gira por algunas universidades presentando una interpretación multimedia llamada La Muerte de la Mente, con el fin de representar la experiencia con el LSD. En enero de 1967, Leary pronunció un discurso ante la Human Be-In, un grupo de 30.000 hippies en el Golden Gate Park de San Francisco, donde dijo su famosa frase Turn on, tune in, drop out” ("Relájate, colócate y sintoniza”).

 
  A la CIA le interesó la potencialidad que podría tener la LSD a la hora de anular la voluntad. A través del proyecto MKUltra, iniciado a principios de los 50, la CIA llevó a cabo experimentos con el fin de encontrar una droga útil para los interrogatorios, que obligasen al enemigo a revelar la verdad. Las películas "El mensajero del miedo" ( "The Manchurian Candidate", John Frankenheimer, 1962) y  "La  escalera de Jacob"   (Adrian Lyne, 1990) tratan el tema con mucho acierto. Las investigaciones oficiales se abandonaron  porque no se pudieron lograr los objetivos pretendidos.


Tema "Aquarius" de la película musical pop "Hair"


  Y hablando de cine, en “Easy Rider” (1969) y “Hair” (1975), la película y el musical que mejor tributo rendirían a los jóvenes contraculturales de los sesenta, los directores mostrarían fielmente la experiencia de las drogas. En la primera, Peter Fonda, Dennis Hooper y Jack Nicolson asisten a los mejores discursos sobre el ejercicio de la libertad envueltos del humo de los porros de una comuna hippy que encuentran por “el camino en busca de América”. En “Hair”, Claude Bukowski (John Savage), un joven de provincias que acude a Nueva York para citarse con el Consejo de Instrucción del Ejército, vive una aventura que le cambia la vida después de convivir con un grupo de hippies congregados en Central Park. Los viajes de LSD modifican su visión del mundo entrando en estados alucinógenos mientras las drogas se convierten en el mejor pretexto para vivir al máximo su libertad.


La Generación Beat

  Pero la base ideológica precursora de la psicodelia proviene de la influencia de un grupo de escritores norteamericanos de la década de los 50, conocido como la Generación Beat. Se caracteriza este grupo por romper con la tendencia conformista en el arte en general desde el final de la II Guerra Mundial. Con ellos se hace patente el rechazo a los valores estadounidenses clásicos, el uso de drogas, una gran libertad sexual y el estudio de la filosofía oriental. Esta nueva forma de ver las cosas dejó su principal influencia y legado en la posterior contracultura o movimiento hippie.

   De entre los autores más importantes destacan el poeta Allen Ginsberg, que publicó "Howl" (Aullido) en 1956, un poema escrito en verso libre y que narra las experiencias de esta generación. El acercamiento que hace a la homosexualidad le valió posteriormente varios juicios por obscenidad. Jack Kerouac editó "On the road" (En el camino) en 1957, libro que se convertiría en la hoja de ruta del movimiento hippie. Describe viajes con sus amigos recorriendo los Estados Unidos hasta llegar a California, todo con el jazz como telón de fondo. El último de los grandes de la Generación Beat fue William Burroughs y su "Naked Lunch" (El almuerzo desnudo) de 1959. Con marcada obscenidad, narra la miserable vida de los yonkies enganchados al opio y la heroína. Burroughs, que fue también adicto a los opiáceos, tuvo que enfrentarse con la censura por esta novela, pero tras su victoria consiguió acabar de una vez por todas con la censura en los EE.UU.
  La estética de la Generación Beat fue absorbida por la cultura de masas y por la clase media hacia finales de los años cincuenta y principios de los sesenta. "En el camino", por ejemplo, la novela de Karouac se convirtió en una obra de culto de la juventud. Su canto a la liberación espiritual derivó hacia una liberación sexual que hizo de catalizador en los movimientos de liberación de la mujer y de los negros, el ascenso de la contracultura hippie e indirectamente a la liberación de los homosexuales. También influyó a un gran número de personajes de la cultura americana, en especial a músicos como Bob Dylan, Jim Morrison, el vocalista de The Doors o Janis Joplin, entre otros.


 Janis Joplin. "Summertime" Su mítica voz desgarradora acompañada por la inconfundible guitarra de Jimi Hendrix.



Los “hippies” y la revolución psicodélica.
 

  Al igual que Timothy Leary, el joven novelista Ken Kesey se ve atraído por el LSD y sus “virtudes”, llegando a someterse a experimentos con la droga como si de un cobaya humano se tratara. Terminó por convertirse en un auténtico profeta del ácido, constituyendo un grupo de personas, músicos y artistas en su mayoría, que anhelaban experimentar los efectos del LSD. Pasarían a conocérseles como los Merry Pranksters (Alegres Bromistas), que travesaron Estados Unidos de costa a costa en un destartalado y llamativo autobús para conectar con el grupo de Leary, aunque el encuentro fue un poco decepcionante, ya que Kensey y los suyos promulgaban un consumo de la droga porque sí, por mera diversión, sin las pretensiones intelectuales del grupo de Leary. En sus sucesivos viajes por todo el país, realizaron lo que se llamaron Acid tests, fiestas en las que se consumían drogas psicodélicas y se escuchaba música de los Grateful Dead. Kesey quería expandir el uso de LSD para lograr un cambio de mentalidad en la sociedad.

  Entre 1964 y 1966, ciudades como San Francisco (barrio mítico de Haight- Ashbury), Berkeley y Los Ángeles estallaron en un inmenso alucine colectivo.  Fue un fugaz momento de esperanzas e ideales, un amago de revolución que bailaba al ritmo de Grateful Dead, The Doors, Janis Joplin, Jefferson Airplane, Santana y otras formaciones musicales de corte psicodélico. Una experiencia multitudinaria, hinchada de misticismo, orientalismo y no-violencia y que daría finalmente la ecuación básica del Flower Power: iluminación interior = liberación de los instintos agresivos = amor recíproco = amor universal paz en el mundo.
  La causa que llevó a muchos hippies a entrar en la protesta social fue la Guerra de Vietnam. Acompañados del lema Peace and Love, los hippies protestaban contra una guerra que consideraban de agresión e iba en contra de su lucha por un mundo de fraternidad y amor. Muchos de los sindicatos estudiantiles que participaron en estas manifestaciones afirmaban haber consumido LSD y defendían unos valores similares a los profesados por los hippies. Son conocidos los episodios de quema de tarjetas de reclutamiento para el ejército, que tuvieron lugar en las principales ciudades del país.


1967 y 1969 se convertirían en dos años cruciales en la historia que nos concierne. En la primera fecha, el 14 de enero, se llevó a cabo el Human-Be In: A Gathering Of The Tribes (Encuentro entre humanos: Un encuentro entre las tribus) en el cual se dieron actividades diversas como una feria de productos contraculturales, discursos de personalidades como Timothy Leary, Ram Das, Greg Zinder, así como la poesía beat y los mantras hindúes de Allen Ginsberg y las espectaculares actuaciones de bandas psicodélicas de la talla de Jefferson Airplane, Quicksilver Messenger Service, Sopwith Camel y The Grateful Dead. Se estima que asistieron alrededor de 20,000 personas de todo el país, y el evento fue ampliamente difundido por la televisión internacional, que aunque lo hacía con cierto desdén y morbosidad ante el espectáculo freak representado, tuvo el efecto de propagar rápidamente ese estilo de vida tan libre en la juventud norteamericana e inglesa.

 Jimi Hendrix

  En junio de ese mismo año tuvo lugar el Festival Pop de Monterrey, San Francisco, al que asistieron más de 200.000 personas. Fue el primer gran festival pop celebrado al aire libre. Su poderosa combinación de música y cultura juvenil marcó uno de los hitos más significativos de los años 60. No sólo tocaron muchas de las bandas psicodélicas del área de San Francisco, sino también grandes grupos británicos como The Who o The Animals, y cantantes como Janis Joplin o Jimi Hendrix, cuyo lanzamiento a la fama se produjo allí precisamente. A partir de 1967 se comenzó a llamar “Verano del Amor” (“Summer of Love”) a todo lo que aconteció alrededor del festival de Monterrey y la concentración hippie de San Francisco. Una ciudad que, habiendo sido ya muy importante para la generación beat, se convirtió en el centro neurálgico del movimiento hippie y capital mundial de la música.




   Hubo un segundo acontecimiento musical y artístico, quizás el más importante, que marcó un antes y un después en la era hippie. Fue el Festival de Woodstock de 1969, que llegó a reunir durante tres días a cerca de 500.000 personas. En este momento el movimiento contracultural se encontraba en su cenit. Celebrado en una granja del estado de Nueva York, multitud de jóvenes, a pesar de las lluvias, el barro y las insuficientes instalaciones, abarrotaron un encuentro que pasaría a la historia, no sólo musical. Joan Baez, Crosby, Stills, Nash & Young, Janis Joplin, Jimi Hendrix, Jefferson Airplane, The Grateful Dead, Creedence Clearwater Revival, The Who o Santana, son tan solo una parte de los grandes músicos o conjuntos que actuaron en un festival anunciado como “tres días de paz y amor”.


  Durante el festival se vivieron intensas noches de sexo y drogas, destacando el consumo de LSD y marihuana; todo esto aderezado con música rock. Aunque inicialmente el concierto se organizó pensando que conllevaría pérdidas para la organización, el éxito del documental sobre el evento hizo que finalmente resultara un acto rentable. Sin embargo, debido al número de asistentes, las condiciones sanitarias dejaban mucho que desear ya que se organizó el festival pensando que iban a acudir unas 250.000 personas, pero al final –según estimaciones– la asistencia fue mucho mayor, en contraste con las pretensiones de este que pretendía ser una celebración a favor de la paz y del amor.



  El optimismo que emanaba la nueva contracultura se empezó a resquebrajar poco a poco. A ello contribuyó en gran medida el escándalo mediático del caso Manson (agosto 1969) y los tremendos hechos ocurridos en el Festival pop de Altamont. Charles Manson pasó a la historia negra de EEUU de la década de los 60 por liderar a la peligrosa secta “La familia”, responsable de una cadena de asesinatos en Los Ángeles, entre los que se encontraba la actriz Sharon Tate, casada entonces con el director de cine Roman Polanski. Una matanza con tintes rituales en la que se intentó relacionar a los hippies.
Portada psicodélica del disco de Cream "Disraeli Gears"

   En diciembre de 1969 los Rolling Stone organizaron el Festival Pop de Altamont, que se saldó con el asesinato de un joven negro por parte de un integrante de de la banda de moteros conocida como los  “Hell’s Angels” (“Ángeles del Infierno”). Siempre será recordado por sus episodios de desorden y violencia, que dejaron un saldo de un homicidio y tres muertes accidentales. El grupo inglés quería cerrar su exitosa gira por los Estados Unidos con un concierto memorable junto a otras grandes bandas como Santana, Jefferson Airplane, Crosby, Stills & Nash o The Grateful Dead. Mucha gente especulaba con que el evento se convertiría en otro “Woodstock”. Pero el resultado fue otro bien distinto, un verdadero caos.



  En esta época, a finales de los 60, yo era un niño de 6, 7 años y de lo que más me acuerdo es de las imágenes borrosas en la televisión en blanco y negro de la llegada del hombre a la Luna, así como de los guateques que organizaban mis padres en casa con discos de Los Beatles, Los Bravos, Fórmula V y otros grupos punteros españoles que introdujeron en la España de Franco la estética psicodélica que se había extendido ya por medio mundo. Recuerdo canciones como “Yellow Submarine”  (Submarino Amarillo) de los Beatles o el mítico “Black is black” de Los Bravos, que a mi me chiflaban, hasta tal punto que los Reyes Magos me trajeron una bateria de juguete, que yo aporreaba cantando esas canciones e imitando a los “melenudos” que veía actuar en televisión. Aunque no tardaría mucho en abandonar ese instrumento para descubrir la magia de la guitarra, sobre todo en manos de músicos tan notables como Chuck Berry, Carlos Santana o  "San Jimi Hendrix".

© Javier Carrasco 2014

domingo, 23 de noviembre de 2014

NO A LA "LEY MORDAZA"


  Al igual que ocurrió con la ley del aborto defendida por el ex ministro Ruiz Gallardón, el Proyecto de Ley de Seguridad Ciudadana –comúnmente conocido como “ley mordaza” -  es otro claro ejemplo de vuelta a atrás en la consecución de derechos y libertades civiles, un ataque directo a la Constitución Española y a los propios Derechos Humanos, muy en la línea del punto de vista  franquista, tan amante de la represión y del  recorte de libertades. De resultar aprobada, y  espero que nunca ocurra, pues confío en que la oposición política y la opinión pública así lo impidan, se perderían libertades ya alcanzadas tras el derrame de mucha sangre, sudor y lágrimas, como son la libertad de expresión y de manifestación pública, viéndose esta última gravemente atacada pues lo que pretende la citada ley es criminalizar el derecho a huelga y manifestación.
 Foto de  Iván Otero

  Según ha venido informando la prensa más o menos fiable, los que se oponen al PP están pidiendo un frenazo a dicha ley, puesto que trata un tema extremadamente delicado como para precipitarse, como se desprende de las intenciones del gobierno para poner en práctica las devoluciones en caliente de los inmigrantes desesperados que se agolpan frente a las vallas de nuestra frontera sur, huyendo de la pobreza y de la barbarie y en busca de una vida digna.
 

Efe



  Pienso que todo ciudadano demócrata que se digne de serlo debería exigir la total marcha atrás de este proyecto de ley, como ha ocurrido con la fallida ley del aborto defendida por Ruiz Gallardón,  ley de “seguridad” ciudadana que beneficia sólo a los intereses de la minoría que obstenta el poder y del capitalismo, en perjuicio de la mayoría de ciudadanos y ciudadanas a los que se pretende criminalizar por el mero hecho de ejercer su derecho a protestar frente a las injusticias y a los abusos de poder. En cualquier país serio esto sería considerado un alto ultraje contra la sociedad democrática en su conjunto,  digno del completo y unánime rechazo.


Javier Carrasco